lunes, 27 de febrero de 2012

Lo último en hoteles: UP HOTELS



Es lo último de lo último, hoteles efímeros, o como los llaman los del marketing turístico, Up Hotels.
Hoteles con una vida muy corta , y construidos para no dejar huella cuando se desmantelen. PAPAYA PLAYA PROJECT (actualmente en Tulum - Méjico) es el pionero. Establecimientos en parajes idílicos como este entre sus cabañas y playas... si os interesa, este proyecto finaliza el 5 de mayo 2012! Ya nos desvelarán el siguiente destino...

sábado, 14 de enero de 2012

Happy, nueva publicación de Lonely Planet

La editorial Geoplaneta/ Lonely Planet ha reunido en un libro "Happy" (12€ ) un diccionario de la felicidad global, elaborado por viajeros. Un trabajo muy bien ilustrado que recoge momentos de felicidad que encontramos en ocasiones especiales en muy distintos rincones de la tierra. Desde la ceremonia etíope del café, el festival Holi de los niños indios o las mingas en la isla chilena de Chiloé.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Gastronomia en Vietnam y Camboya

Como siempre que me largo de viaje unas cuantas semanas vengo con unos kilos de más. Y tengo observado que es proporcional. Dos semanas, dos kilos, tres semanas tres kilos. Yo no sé como hay gente que sale por ahí y no come por no probar lo desconocido. Pero si se trata de eso precisamente. Bueno, también he de decir que yo soy muy tastaolletes y tengo buen saque. ¿Y a que sabe Vietnam? Vietnam sabe a salsa de soja y a un bulbo que se llama hierba limón (lemongrass) o citronela (me parece que debe ser lo mismo que se usa para los repelente de mosquitos). Aparte de estos dos sabores, Vietnam, sobra decirlo, es el paraíso del arroz, como en todo el sudesteasiático. El cuenco de arroz blanco es nuestro equivalente al pan. Se come en todas las comidas. Pero a parte del tradicional cuenco, el arroz aquí está presente en multitud de variedades: fideos de arroz, rollitos de arroz, licor de arroz, ...
Una ya es toda una experta en palillos, hasta para comer el popular "pho", una sopa con fideos, verdura y carne. Otra cosa a saber es que los vietnamitas casi no utilizan las sal, lo sustituyen por el mini cuenco de chile picante ,y claro como comen todo picante no necesitan añadir sal.
Pero a mi lo que más me gusta son los noodles con verdurita y gambas, y también los rollitos. No tiene nada que ver con los rollos de primavera de los restaurantes chinos. Aquí hay dos variedades; fritos o frescos. La pasta con la que hacen el mini-crep es de arroz, of course, y lo de dentro es muy variado. A mi personalmente me gustan más los de pescado y/o marisco, que los de carne.
Comen también mucha verdura, tienen infinidades de variedades de espinacas y acelgas, y siempre hay un plato "verde" en la mesa. Así están ellos, ni un solo gordo hemos visto. Lo único que echo en falta son los dulces, no son nada golosos. Pero fruta tienen a punta pala, os podéis hinchar de piñas y plátanos, hasta 17 variedades de bananas tienen.
¿Y a que sabe Camboya? Sabe a curry y a coco. El plato tradicional es el amok: es como un guiso cocinado con coco y curry y servido dentro del coco, al que vas añadiendo arroz blanco según vayas comiendo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Mi viaje a Camboya

A Camboya la llaman la Costa Rica pobre. Evidentemente si uno llega a este país desde Vietnam, las diferencias son evidentes. Venimos de un país emergente, y llegamos a uno del tercer mundo. Así es. Camboya no tiene industria, depende únicamente del turismo que viene a ver los templos, pero os aseguro que es un país precioso, muy verde y bañado por el mar en muchos kilómetros, aquí Gil y Gil lo hubiera tenido muy claro. Hay un dato, que yo creo que es esclarecedor de la pobreza de un país, el mayor índice de mortalidad lo provoca la caída de rayos, ni el estrés, ni los accidentes de tráfico, solo la naturaleza manda.
Pero si algo conocemos de Camboya es su pasado reciente, la dictadora de Pol Pot y los jemeres rojos ( 2 millones de muertos que se dice pronto) .Todavía es fácil ver personas con piernas amputadas por las minas y carteles en los terrenos donde se trabaja para desactivarlas. Llegamos a Siem Riep, la ciudad que concentra el turismo que va a ver los templos de Angkor, y al bajar del autobús, el contraste con la humedad reinante hace que se te empañen los cristales de las gafas. Hace calor, pero aquí llevan unos días de lluvia, de hecho pillamos las últimas inundaciones del monzón, y las calles van con dos palmos de agua.
Evidentemente si uno va a Camboya va a ver los templos de Angkor, que viene a ser el mayor monumento religiosos del mundo (fueron budistas e hinduistas). La verdad es que jamás me hubiera imaginado esta extensión. Dicen que han llegado a existir unos 900 templos y que en toda esta zona vivió un millón de personas.
Ahora mismo, aunque hay países metiendo dinero para las reconstrucciones, hay templos que tiene los años contados, hay arqueólogos que dan 5 años de vida antes de que acaben de caer definitivamente. Las guerras, las invasiones de mongoles, y el abandono de esta ciudad como capital en el siglo XV, aceleraron el proceso natural de la selva. Los árboles se fueron apoderando de los templos, solo hay que ver el llamado “templo de las raices” , donde Angelina Jolie rodó Tomb Raider.
Pero a mi el que más me ha gustado es el de Bayón , también llamado de las mujeres, con sus 37 torres con las caras en tres dimensiones ( llegaron a haber 54) , y como no, el templo de Angkor Wat. También es muy recomendable visitar el museo de Angkor que han hecho los franceses, muy didáctico, y con piezas excepcionales.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Octava crónica de mi viaje a Vietnam: el Mekong

Nuestro dos últimos días en Vietnam los dedicamos al delta del Mekong, el que dicen es uno de los grandes graneros de Asia. El río Mekong nace en las mesetas del Tibet y recorre seis países hasta llegar a este delta de Vietnam, 4.800 kilómetros de recorrido de aguas marrones, que van depositando sedimentos permitiendo tres cosechas de arroz al año, y una variedad de frutas tropicales increíble: sapotes, piñas, cocos, rambután, papaya, pomelos...Dicen que el Mekong alimenta a 100 millones de personas.
El delta tiene nueve brazos o nueve dragones como dicen aquí ( Cuu Long) , nosotros nos adentramos con barca por algunos de los más de 2000 kilómetros de canales. Vemos las aldeas de pecadores y los mercados flotantes con sus barcas llenas de frutas y verduras.
Los agricultores alzan una caña de bambú en la cabina o en la proa del barco a la que atan la fruta o la verdura que venden, y así sirve de señuelo a los compradores. Marketing primitivo, pero efectivo. El delta es un paisaje a ratos sedante y majestuoso, a ratos bullicioso y sucio, pero siempre tiene el poder de provocarte la reflexión, el pensamiento sosegado de quien se sabe de paso, pero ya va con el corazón tocado.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Séptima crónica de mi viaje a Vietnam: Saigón

Esta ciudad fue durante decenios de colonización francesa Saigón, y ahora es Ho chi Minh, aunque ni siquiera en los códigos internacionales de los aeropuertos han dejado de usar el primer nombre. Y es que sólo nombrar la palabra, Saigón, te conjuras a lo inesperado, a lo desconocido, al frenesí de una ciudad de 8 millones de habitantes y 4 millones de motos. Haceros una idea. Entonces era la urbe más importante de toda la Conchinchina francesa , después pasó a ser la capital de Vietnam del Sur, cuando en 1954 los cartógrafos de Naciones Unidas dividiesen Vietnam en el paralelo 17, y hoy es una ciudad saqueada por el boom de la construcción, pero con sus raíces bien agarradas a la tierra.
Todas las funcionarias, las estudiantes y las mujeres que trabajan en el sector del turismo visten su ao dai, esa túnica de seda con aberturas laterales y pantalones. Incluso en bicicleta u bajo la lluvia, porque ahora estamos al final del monzón y la lluvia sale a nuestro encuentro puntual cada tarde, ni eso logra bajar el ritmo de Saigón. Millares de personas frenéticamente desordenadas cruzan y vadean calles y aceras, sorteando cualquier vehiculo, y sobre sus cabezas, enjambres de ovillos de cables eléctricos amenazan con caer de postes y torres que ya son parte del escenario urbano.
Huele a pho recalentado a todas horas (el tradicional bol de caldo de fideos de arroz con tropezones de ternera ligeramente hervida y algo de verdura), porque en Vietnam no hay horarios para comer, solo el tiempo se detiene para el café en los hoteles míticos ,donde solían citarse los periodistas extranjeros, el Rex o el Caravelle , o el Majestic, donde los norteamericanos daban sus ruedas de prensa. Lo que más me sorprende de Saigón son las peluquerias con final feliz, y el mercado de Ben Thah, donde comprar relojes falsificados que al día siguiente misteriosamente dejan de funcionar.
El olor es lo primero que llama tu tención, te lo promete todo a cambio de tu alma. Y el calor: la camisa te queda hecha un guiñapo, a duras penas recuerdas tu nombre o de que huias al venir..... ( El americano impasible, Graham Green)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Sexta crónica de mi viaje a Vietnam: Hoi An

Danang es la mayor ciudad del centro de Vietnam, y pasamos por ella, camino a Hoi An. Sólo echando un vistazo uno se puede imaginar como ha cambiando esto. Danang ahora es una hilera de resorts de lujo, con campos de golf alrededor de una playa mítica. China Beach, la playa donde los norteamericanos instalaron su aeropuerto ( hoy todavía se ven los hangares) durante la guerra de Vietnam. Es la mítica playa del ataque de los helicópteros al son de Wagner en “Apocalipsis Now” (aunque en realidad donde se filmó es Filipinas).
Llegamos a Hoi An , una ciudad que sobrevivió milagrosamente a la guerra. Entre la caótica Hanoi y la desvergonzada Saigón, Hoi An me cautiva. Es una pequeña ciudad que casi no fue bombardeada y en sus calles se conservan casas antiguas restauradas.
Persianas de madera, balcones, fachadas de colores desgastados…Los tres pueblos que la habitaron: chinos, japoneses y franceses han ido dejando huella. Una de las casas (esta de la foto de la chica) es donde se rodó El Americano Impasible ( con Michael Caine, basada en la novela de Graham Green, que hay que leer antes de ir a Vietnam).
El barrio antiguo tiene un ambiente entre colonial y decadente, aunque a la vez es muy turístico. No sé porque me recordó a la ciudad de Antigua (Guatemala) aunque hablemos de culturas totalmente diferentes. Recomiendo salir a pasear bien temprano ( a las 9 de la mañana los vietnamitas llevan ya 4 horas levantados). Hoy cae un leve chirimiri que refresca la humedad del ambiente tropical y la música clásica que se oye a través de pequeños altavoces en la calle hacen del paseo una experiencia gratificante.
Tres o cuatro pagodas se esconden entre casas coloniales francesas y chinas. Muchas de estas viviendas son ahora pequeñas galerías de arte, sastrerías, tiendas de farolillos de papel, cafés y restaurantes. Un pequeño lujo en el agitado Vietnam, más si vienes en luna llena. Las noches de luna llena la ciudad de los farolillos, así la llaman, porque la gente baja al río y deposita en las aguas farolillos encendidos de papel de colores.
Tampoco hay que perderse la salida del colegio, cuando los niños vestidos con uniforme y pañuelo rojo al cuello cogen las bicicletas, y las chicas adolescentes pasean con sus elegantes “ao dai”.